lunes, 28 de septiembre de 2009

automaticamente

Habia perdido un pais pero había ganado un sueño, y si tenia ese sueño lo demás no importaba, ni trabajar ni rezar ni estudiar en la madrugada, en el amor, un amor desbocado, un sueño dentro de otro sueño y la pesadilla me decia: creceras.

todavia, sin que te lo puedas explicar (y sin que yo me lo pueda explicar), yo hace mucho tiempo asocio el color azul con la muerte, el rojo con la infancia llena de bolcheviques y sexo, y el amarillo con carretes al atardecer.

morfina, diamorfina, ciclocina, codeina, temazepan, nitrazepan, fenobarbital, amital sodico, dextropropoxifeno, metadona, analbufina, pecinina, pentazocina, buprenorfina, dextromoramida, clorometiazol...

una perdedora nada preocupada por el dinero, una hija de la clase media, una lectora de Rimbaud y de Oquendo de Amat, una lectora de Cardenal, de Nicanor Parra y Enrique Lihn, una chica que se enamora locamente y que al cabo de dos años está sola pero piensa que no puede ser, que es imposible acabar reuniéndose en pares, la subordinacion de libertades no la contempla, una trabajadora de temporada, una santa selvático, vive aventuras agradables y desagradables cada vez más lejos del punto de partida, un cuerpo y un cuento o una historia, una chica obstinada probablemente de sangre india criolla, una estatua que a veces sueña con volver a encontrar el amor en una hora inesperada y terrible, una extranjera en Europa, una mujer que pierde las rodillas y los dientes pero no el valor, como si el valor valiera algo, como si el valor fuera a devolverme, una chica con una extraña predisposición a sobrevivir, un sueño maravilloso que atraviesa enfermedades y ausencias. caracter.

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