" No obstante, al ir aumentando la luz al acercarnos a la ciudad, mi torturador se levantó, y ajustándose el cuello de la camisa, me dio las gracias muy amistosamente por mi amabilidad. Viendo que yo permanecía inmóvil (todos mis miembros estaban dislocados y mi cabeza vuelta hacia un lado), empezó a sentir cierta aprensión, y despertando al resto de los pasajeros les comunicó con tono muy decidido que en su opinión les habían metido durante la noche a un hombre muerto a cambio de un hombre vivo y responsable, que además era su compañero de viaje; al llegar aquí me dio un puñetazo en el ojo derecho, a modo de demostración de la veracidad de sus palabras. (...) Todo el grupo expresó su determinación de no aguantar pacíficamente tales imposiciones en el futuro y de no dar un solo paso más de momento con un cadáver a cuestas. En consecuencia, fui arrojado fuera bajo la señal del “Crow” (taberna por delante de la cual pasaba casualmente el coche en aquel momento), sin más contratiempos que la fractura de mis dos brazos, por encima de los cuales pasó la rueda trasera izquierda del vehículo. También debo hacer justicia al conductor y decir aquí que no se le olvidó tirar detrás de mí el mayor de mis baúles, que cayó desgraciadamente sobre mi cabeza y me fracturó el cráneo de una forma a la vez interesante y extraordinaria. "
Pero él mismo narra su tentativa de suicidio. Compró láudano y bebió la mitad del frasco en Boston. Antes de tener tiempo de tomar la otra mitad (que lo hubiera matado) sobrevino la reacción de un organismo ya habituado al opio, y Edgar vomitó el exceso de láudano.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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